Hoy tocaba revisar un sifón de unos 6 m. de profundidad. Una vez sacada la tapa, el ingeniero, que había venido de propio de Zaragoza para observar la maniobra, me pregunta: "Javier, ¿sacamos el Drager? (Drager: detector portátil de gases). Miro para abajo y le digo: "No hace falta". Lo veo extrañado, seguramente recordando la asignatura sobre seguridad e higiene en el trabajo de segundo de carrera y me pregunta: "¿Por qué? Observa, allá abajo hay un ratoné y va de un lado a otro.

Los topillos son unos roedores bien adaptados a la vida subterránea. Su cuerpo tiene forma cilíndrica, lo que es una ventaja para el desplazamiento por galerías. Los ojos son muy pequeños, como consecuencia de una menor utilidad y las orejas también son muy reducidas. Las patas no son especializadas para cavar, y son muy pequeñas para poder moverse mejor por los túneles, sin embargo supone una pérdida en rapidez y agilidad de movimientos. La cola, perdida su función reguladora y estabilizadora de movimientos veloces y saltos, se reduce bastante.
Estos roedores necesitan para vivir una cierta humedad en la tierra que les posibilite la construcción de galerías. En verano se concentran en lugares con condiciones húmedas especiales.
Los topillos son comidos por infinidad de depredadores por eso tienen una capacidad reproductiva muy importante. Los zorros les esperan en sus salidas al exterior y tratan de cortar su retorno a la cueva. Las rapaces nocturnas son las aves que más elevado número de capturas realizan entre los topillos, hasta el punto que dependen en gran medida de este recurso.
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Dejando al topillo fuera del sifón. |